Cuba atraviesa una crisis múltiple y profunda de carácter sistémico; que afecta la vida de sus ciudadanos en todos los órdenes, y la satisfacción de sus necesidades más elementales. Una crisis que lastra y mutila la economía nacional, haciéndola dependiente y precaria; y sumiendo al estado en una espiral de males financieros, deudas, e impagos que conducen al descrédito y la desconfianza. Que reduce las instituciones a meros instrumentos corruptos para mantener a la casta política dominante en el poder. Que ha provocado la disolución de los valores cívicos y morales del país y de sus habitantes; y desatado una ola de violencia e inseguridad; y de absoluta falta de garantías para la vida, la libertad y la propiedad.
Esta crisis, lejos de encontrar solución se recrudece, amenazando el futuro, y la misma supervivencia de la nacionalidad.
La represión a toda forma de disentimiento ha creado un clima asfixiante de terror y ostracismo; al que se suma la vergonzosa confabulación de los aparatos legislativo, judicial y castrense; y la no menos ignominiosa complicidad de los medios, totalmente controlados por el estado. La ira popular se acumula. El desaliento, la indignación y el pesimismo inundan el sentir de todo el pueblo; que ha perdido su alegría, su confianza y su orgullo nacional.
En este contexto solo le quedan tres alternativas al ciudadano: escapar del país, sumándose a la sangría migratoria que nos está dejando sin futuro como pueblo; agachar la cabeza, e intentar sobrevivir en condiciones de inmoral esclavitud; o revelarse y buscar su emancipación, que es la emancipación de toda la nación.
Ante la difícil encrucijada en la que nos encontramos, creemos necesario articular una respuesta ciudadana limpia y vigorosa; que barra con todos los agravios mencionados, y dé satisfacción a las inquietudes y demandas de los cubanos.
La hora del diagnóstico y de la denuncia ya está cumplida. Ha llegado el momento de la movilización y de la acción, de la determinación y la intransigencia, de la responsabilidad y el compromiso cívico. Cuba no se puede permitir la prolongación de una tiranía que la ha llevado al abismo más profundo de toda su historia, y a secundar las causas más espurias y deleznables de este mundo.
Cuba tiene que garantizar la libertad absoluta de todos sus ciudadanos, y el derecho de estos a la realización plena y a la búsqueda de la felicidad. La injusticia terminará. La impunidad cesará. La dictadura caerá. La Nación Cubana encontrará su lugar entre los pueblos; y no volverá jamás a ser percibida como un problema a resolver, sino como un ejemplo a imitar.
Cuba atraviesa una crisis múltiple y profunda de carácter sistémico; que afecta la vida de sus ciudadanos en todos los órdenes, y la satisfacción de sus necesidades más elementales.
Una crisis que lastra y mutila la economía nacional, haciéndola dependiente y precaria; y sumiendo al estado en una espiral de males financieros, deudas, e impagos que conducen al descrédito y la desconfianza.
Que reduce las instituciones a meros instrumentos corruptos para mantener a la casta política dominante en el poder. Que ha provocado la disolución de los valores cívicos y morales del país y de sus habitantes; y desatado una ola de violencia e inseguridad; y de absoluta falta de garantías para la vida, la libertad y la propiedad.
Esta crisis, lejos de encontrar solución se recrudece, amenazando el futuro, y la misma supervivencia de la nacionalidad.
La represión a toda forma de disentimiento ha creado un clima asfixiante de terror y ostracismo; al que se suma la vergonzosa confabulación de los aparatos legislativo, judicial y castrense; y la no menos ignominiosa complicidad de los medios, totalmente controlados por el estado.
La ira popular se acumula. El desaliento, la indignación y el pesimismo inundan el sentir de todo el pueblo; que ha perdido su alegría, su confianza y su orgullo nacional.
En este contexto solo le quedan tres alternativas al ciudadano: escapar del país, sumándose a la sangría migratoria que nos está dejando sin futuro como pueblo; agachar la cabeza, e intentar sobrevivir en condiciones de inmoral esclavitud; o revelarse y buscar su emancipación, que es la emancipación de toda la nación.
Ante la difícil encrucijada en la que nos encontramos, creemos necesario articular una respuesta ciudadana limpia y vigorosa; que barra con todos los agravios mencionados, y dé satisfacción a las inquietudes y demandas de los cubanos.
La hora del diagnóstico y de la denuncia ya está cumplida. Ha llegado el momento de la movilización y de la acción, de la determinación y la intransigencia, de la responsabilidad y el compromiso cívico.
Cuba no se puede permitir la prolongación de una tiranía que la ha llevado al abismo más profundo de toda su historia, y a secundar las causas más espurias y deleznables de este mundo.
Cuba tiene que garantizar la libertad absoluta de todos sus ciudadanos, y el derecho de estos a la realización plena y a la búsqueda de la felicidad.
La injusticia terminará. La impunidad cesará. La dictadura caerá. La Nación Cubana encontrará su lugar entre los pueblos; y no volverá jamás a ser percibida como un problema a resolver, sino como un ejemplo a imitar.